No sé a dónde el viento y el mar nos llevan. Nos chocan las olas mientras una bruja lee sus días y sus horas. Ella pensó que todo el mar los leería. Y aquel señor, llevado por la angustia, rompió la balsa.
Ya al salir la noche salíamos de paseo al infierno. Al ver, noche tras noche, cómo estaba el mar, lo arropaba.
Despertar con uno menos, es el mar de amores que a todos preocupa. En el día la sed se va en cada ola, hasta que sea su madre quien se lleve nuestro cuerpo.
Samuel E. Pérez
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