Las seis de la tarde. Esperan por
el pan caliente.
Dos minutos más tardes, volteo. Ansioso
que introdujeras la llave.
No escucho tus cholas. Ni la
cerradura.
La noche uso tu silla al ver que
no llegaste.
Desde aquí veía cuando llegabas y pasabas a acostarte.
Ya no te veré subiendo, ni bajando
el picacho.
Solo tu retrato. Alumbrado junto a
un vaso en esa esquina.
Samuel E. Pérez
No hay comentarios:
Publicar un comentario